“La maternidad sin máscaras”

Video-Entrevista a María José Eyras | IntraMed

¿Es posible conciliar la maternidad y el ejercicio de una profesión? Luces y sombras de un eterno conflicto en un libro imprescindible.

MSM

Entrevista

María José es una mujer sensible, inteligente y de una belleza serena y delicada. Habla sin urgencias y su tono delata que ha meditado largamente sobre lo que dice. No enuncia proclamas sino ideas; no pontifica, razona; no ordena, propone. Sabe escuchar, y lo hace apelando a un silencio interesado y respetuoso. No es poco cuando se lo compara con el discurso del feminismo furioso y el enfrentamiento estéril entre los géneros.

Ha escrito un libro acerca de su propia experiencia como mujer, madre y profesional. Se anima con las contradicciones que esa situación implica y las elabora con aportes personales y propuestas concretas. Escribe sobre ella misma, es decir sobre miles de mujeres que, como ella, enfrentan los dilemas y las perplejidades que las colocan frente a opciones ante las que no es posible elegir sin renunciar. Es curioso, pero su libro acepta –y hasta reclama- una lectura masculina. No es un texto excluyente. No es un “lamento ginoide” sino una reflexión que nos involucra a todos. Sabe que la incertidumbre de la mujer de nuestros días pone en riesgo, no sólo su desarrollo personal, sino a la propia pareja humana como el lugar donde el vínculo se hace existencia en común.

El libro despliega una lengua trabajada y elocuente. Pero huye de la pedantería barroca y del exhibicionismo del habla. Ejerce la palabra para comunicar y quiere ser entendida. En tiempos de arrogancia ignorante y de jergas oscuras, vale la pena agradecer el gesto de alguien que nos tiene en cuenta cuando escribe y que deja que lo que quiere decir pase a través suyo y no que su propia figura se interponga entre las ideas y los lectores. Esa actitud de respeto por el otro que su libro deja ver se hace más que evidente cuando se habla con ella frente a frente alrededor de una mesa. Su libro la muestra, no la disfraza. Es un espejo y no una máscara. Es necesario ser muy valiente para mostrarse tal cual uno es. La sinceridad es una forma a menudo brutal de la desnudez. Esta mujer sentada frente a mí es madre hasta la médula. Cada vez que la vida la colocó ante la disyunción de escuchar a la razón o a los instintos, eligió a éstos y no tuvo mayores dudas. Ha elegido por sí misma cuando resultó necesario y no bajo los efectos de un modelo tóxico de mujer. Ha descartado lo trivial y lo superfluo sin que ello incluya nada de la misteriosa e insondable condición de mujer. Hecho de perplejidades y de asombros este libro se atreve a describir una realidad personal saturada de contradicciones, labrada de instantes felices que se resisten a ser nombrados y de terrores negros a los que María José les pinta la cara con sabiduría y sencillez.

Daniel Flichtentrei

 

María José, contanos quién sos, cuáles son tus orígenes, tu historia como persona.

Soy arquitecta, madre de tres hijos y desde hace unos diez años también escribo. Provengo de una familia de origen español e italiano, donde la familia “grande”, que incluía primos, tíos y abuelos, tenía mucho peso y espacios compartidos.

¿Cómo es tu familia?

Es un grupo alegre y divertido, no nos da tiempo a aburrirnos. Cuando empecé a trabajar en la idea del libro, el menor tenía tres años, el segundo ocho y la mayor once. Hoy tenemos una hija de 18, un varón de 15 y otro de 10 años.

Escribir el libro no te libró de una terapia psicológica: ¿Hacerlo alivió tu angustia de alguna forma?

El libro y la terapia son caminos diferentes, no se excluyen. Escribir el libro – que nació de la esperanza de poder ayudar a otras al compartir mis vivencias – también significó repasar lo que había transitado. Al poner en palabras emociones y episodios, pude verlos bajo una nueva luz, comprenderlos y asimilarlos mejor. Este no era el objetivo de la escritura, pero sí fue un beneficio de escribir. En ese sentido, el libro está escrito como una conversación novelada, desde el punto de vista de una madre, no del de una profesional de la salud.

¿Qué significa para vos la maternidad?

Ser madre, para mí, era un deseo muy claro, algo que quería lograr en la vida. Hoy, mis hijos son pilares de mi felicidad y una fuente inagotable de amor y aprendizaje. En uno de sus libros, Marguerite Duras dice que hay un momento de la vida en que la mujer se replantea todo, todo menos los hijos. Los hijos nunca se ponen en duda.

¿Qué te diferencia a vos de tu madre o tu abuela respecto de la maternidad?

Para mi abuela y  muchas mujeres de su generación, la maternidad y la familia eran el único destino posible, lo que se esperaba de ellas y lo que ellas mismas anhelaban para sus vidas. Mi abuela nunca trabajó afuera de la casa ni creo que se haya replanteado jamás lo que hoy entendemos como la realización personal.

Mi madre, en cambio, pertenece a una generación de mujeres profesionales que sumaron el trabajo al rol tradicional de la mujer: estar a cargo de la vida doméstica y la crianza. Además de trabajar todo el día, mi madre se ocupaba de organizar la comida, la limpieza, etc. Y si bien contaba con ayuda, fue algo así como una “súper mujer”, nunca tenía descanso.

Yo, como cuento en el libro, tomé una postura intermedia y desde el principio opté por dedicar medio día a los hijos y a la casa y medio día a la profesión. Lógicamente, con los costos que ello implicaba.

En varias oportunidades te quejás de tu falta de “preparación” para ser madre: ¿quién debería haberte preparado para ello?

La respuesta no es sencilla. Creo que tanto a mí como a cualquier mujer deberían haberme preparado otras mujeres, mujeres madres, mayores y con experiencia. Esto, en un contexto de familia grande, podría haberse dado de manera natural, si hubiera tenido primos o hermanos bastante menores que yo y hubiera participado de alguna experiencia de crianza cercana. También, como propongo en el libro, la formación escolar podría incluir elementos acerca del embarazo, el nacimiento y el puerperio así como  encara los inicios de la vida sexual. Pero sobre todo, creo que debería existir una conciencia social y cultural en torno a la mujer y su posibilidad de ser madre, una conciencia que podría cambiar esta sensación de sorpresa que nos asalta a muchas, cuando, preparadas sólo desde un punto de vista profesional, nos enfrentamos a la disyuntiva de tener un hijo. Es decir, si la necesidad de prepararse, de predisponerse, de prever que seremos madres en un proyecto vital estuviera socialmente más incorporada, muchas mujeres llegarían en mejores condiciones psíquicas y con expectativas más ajustadas al momento de transitar las vicisitudes reales y complejas de su maternidad.

¿Qué pierde y qué gana una mujer actual cuando se convierte en madre?

Yo no lo plantearía en términos de “ganancias y pérdidas”. Más vale me preguntaría qué cambia para una mujer al ser mamá. El cambio es inmenso. Hay una persona amada en su vida que demanda de su presencia y ya nada nunca será igual. Como la mujer actual tiene intereses y expectativas laborales y profesionales, cuando aparece el hijo, el tiempo debe repartirse, compartirse. El tiempo y las energías. Para la generación de mi abuela, una generación de mujeres que no aspiraba a trabajar o veía natural trabajar en la casa para ayudar a la economía familiar, los conflictos eran menos. Hoy hay que resolver cuándo y por cuánto tiempo dejar a los hijos, quién quedará a su cargo, qué delegar y qué no en otras personas, cómo conciliar las expectativas de desarrollo personal con el tiempo que implica estar de alguna manera presentes en la crianza del hijo. La mujer se pregunta a qué edad del niño ella puede volver a trabajar, si ya es grande para dejarlo equis horas, etc. Antes de la divulgación de la psicología, la maternidad, el tiempo de presencia junto a los hijos, no se cuestionaba, se vivía de alguna manera con mayor libertad. No había conciencia de la importancia de los tres primeros años en la formación de la psiquis de una persona, ni del rol decisivo que las vivencias de la infancia tienen más tarde. Padres y madres de otra época se hacían menos preguntas.

La carrera o la maternidad: ¿son alternativas que se excluyen mutuamente?

Por supuesto que no. Uno de los desafíos de ser mujer, hoy en día, es  integrar las dos facetas. Lo que ocurre, esa sensación de tironeo, de desasosiego y desborde, las culpas, la insatisfacción y el cansancio de la mujer, creo,  tienen que ver con las expectativas. Las expectativas profesionales de las mujeres están moldeadas según prototipos masculinos. Competimos, siendo injustas con el género, con modelos de profesionales hombres, sin tener en cuenta que estos “modelos” de eficiencia y productividad, no sólo no criaron hijos, si no que fueron sostenidos a su vez por una mujer.

Lo que ocurre en realidad es que el lugar que ocupa el trabajo se modifica en relación a las distintas etapas de la crianza. Hay momentos de  postergaciones o renuncias  y otros de  una mayor dedicación al trabajo “afuera” o para afuera. En ese sentido, creo que pensarnos  como mujeres madres – cuando esa es nuestra elección- nos puede ayudar a tener expectativas más realistas respecto a nuestro desarrollo y a disfrutar de las variantes de la cantidad de tiempo dedicado a la  casa y a la profesión que sin duda viviremos.

¿Es inevitable que la “culpa” mortifique a casi todas las mujeres que deciden continuar con su profesión al ser madres?

Creo que no. No, en tanto y en cuanto la mujer tome en cuenta que tiene hijos y disponga un tiempo para ellos. No, si delega algunas funciones pero atiende el rol de madre y el hijo sabe que cuenta con la mamá cuando la necesita. Son muy distintas las necesidades de un bebé a las de un adolescente. Por eso, el mejor termómetro para saber que estamos haciendo las cosas bien es el crecimiento saludable de los hijos, entendiendo el concepto de salud en un sentido amplio ( aquel estado de bienestar psico físico y social y no solamente la ausencia de enfermedad ).
En un capítulo del libro se habla de la importancia de la influencia de la felicidad de la madre en el hijo. Una mujer dichosa, realizada, a mi entender, es difícil que le haga mal a un niño.

Vos pensás que las mujeres, en lo que se refiere al parto, han cedido terreno en manos de los médicos. También han cedido la mortalidad materna y neonatal por ese motivo. ¿Cómo imaginás que estas dos situaciones podrían articularse?  

Los avances médicos y su difusión no son ajenos a las políticas ni a preponderancias históricas del poder de un género. La obstetricia, como se entiende hoy en Argentina, es una “medicina de resultados”. Tomando esta definición como base, y reconociendo la importancia y el valor de que hayan disminuido la mortalidad materna y neonatal, creo que hay que encarar el próximo paso. Este sería considerar cómo nacen los bebés y darle a la mujer la oportunidad de un parto normal y en plazos propios de cada mujer, evitando intervenciones estandarizadas cuando no hay riesgos, lo cual sucede en un gran número de casos. Es decir, sumar a  los avances en prevención y resolución de emergencias los avances en la recuperación de las instancias naturales de un parto normal: incorporar sillas de parto, salas de preparación para el parto, revisar la necesidad o no de recurrir a la anestesia, la episiotomía, etc.

Esto implica a los médicos y al sistema médico, también es un tema económico.

Contanos tus conclusiones respecto de los médicos luego de tus embarazos y partos. ¿Qué les pedirías que cambien y qué no?

Dentro de los parámetros de una atención estandarizada, no tengo quejas. Sí, hubiera evitado la anestesia en mi tercer parto, si el médico hubiera tenido el tino de sugerirlo. Pero esta pregunta está desarrollada en todo un capítulo del libro…

Una pregunta que apela a tu piedad y compasión: ¿para qué sirve un hombre en todo este tema?

Un hombre siempre sirve de mucho al lado de una mujer. En el momento de la maternidad temprana, es él quien mejor puede apoyar a la mamá recién nacida haciéndose cargo de resolver las cuestiones prácticas habituales de la casa y dejando que ella se ocupe del bebé.  Y durante toda la crianza, el hombre es una persona decisiva en la felicidad de la mujer. Hacerla feliz, averiguar qué cosas le hacen bien en cada etapa, esto es quizá lo más importante. Así se benefician no sólo la pareja, sino también los hijos y la familia.

¿Qué comentarios te merece lo que leíste en el Foro IntraMed “Madres y médicas”? ¿Qué les dirías a las colegas que participan allí?

Creo que a las mujeres médicas, como a todas las mujeres profesionales, nos toca vivir un momento de transición. La familia ya no es la tradicional, con su clásica repartición de roles ( hombre proveedor, mujer ama de casa ) ni tampoco es la familia flexible que toma en cuenta los roles que la mujer ha sumado. De a poco, muy de a poco, algunos hombres están compartiendo tareas en la casa y la crianza, y comprendiendo que el reparto puede ser a veces injusto. Pero la mayoría aún lo espera todo de la mujer.

Entonces, las médicas madres, que además se enfrentan al ejercicio de una profesión  tradicionalmente masculina, y a modelos de eficiencia en el trabajo propios del varón ( apoyado por una mujer, como dije antes ), también participan de esta transición donde impera el desequilibrio. Para recuperar el equilibrio, las profesionales tenemos que revisar la presión de nuestras expectativas de desarrollo y trabajo. Y ajustarlas a la realidad de haber incluido hijos en nuestro proyecto vital. Para eso, es bueno no perder de vista la perspectiva del tiempo. Los años de crianza son muy importantes y no son tantos. Los hijos, una vez que dejan la escuela primaria ( doce años en Argentina ) requieren menos tiempo, salen a la vida y es poco lo que podemos agregar a su formación cuando son adolescentes y en plena y sana rebeldía, no quieren escuchar. Tal vez, esta sea la hora de los cursos de perfeccionamiento y no cuando nos reclaman dos hijos pequeños.

También, es positivo hablar a menudo con el padre de nuestros hijos, decirle con claridad qué necesitamos de él y cómo podría ayudarnos. Es decir, actualizar los pactos tácitos que responden a viejos modelos de familia, adaptarlos a la realidad de la mujer madre y profesional a la vez. Y luchar, en cada ámbito, por condiciones de trabajo más humanas, que incluyan la coyuntura de la maternidad, los hijos pequeños y la crianza ( licencias, guarderías en el lugar de trabajo, trabajos de medio tiempo, etc. )

¿Qué puede encontrar una mujer en tu libro? ¿Y un hombre? ¿Para quién fue escrito?

Espero que las mujeres encuentren en mi libro un estímulo para pensar la propia maternidad y pacificarse, una mirada diferente sobre el lugar de la mujer. Y también, el alivio de saber que no son las únicas que viven dudas, angustias, ambigüedades y se sienten desbordadas. A todas nos está pasando más o menos lo mismo y no se trata de echar culpas si no de ver cómo seguir adelante.

Creo que también sería muy bueno que lo leyeran los hombres o cualquier persona que está cerca de una mujer madre. El libro se propone una mirada realista, desmitificadora de la maternidad, intenta contar lo que realmente pasa y no lo que “debería” pasar. A un hombre le puede dar elementos válidos que lo ayuden a acompañar mejor a una mujer, a su familia.

Cuando lo escribí, pensé en las madres, en cómo se sentirían al ver que no respondían al estereotipo de la buena madre, la madrecita abnegada del tango, la madre olvidada de sí misma, bondadosa y omnipresente. Cuánto sufrimiento y cuánta culpa absurda para una mujer moderna, que además, en todo su derecho, sueña con una vida propia.


Reseña:

“La maternidad sin máscaras”,  Autora: María José Eyras

La autora brinda su testimonio sincero y habla con coraje de las dificultades que enfrenta una mujer que cría a sus hijos y, al mismo tiempo, lucha por su realización personal y para que el amor con su pareja siga vivo entre las batallas cotidianas.

A pesar de los cambios sociales y culturales de las últimas décadas, la maternidad es concebida aún hoy como un rol natural y exclusivo de las mujeres, un estado ideal de realización casi absoluta, de completa felicidad. Los aspectos positivos y gratificantes de ser madre son bien conocidos y socialmente aceptados, no así las aristas más  problemáticas y dolorosas, generadoras de cansancio, frustraciones y angustias. Muchas veces ser madre implica renuncias, genera desencuentros en el matrimonio y hasta puede reavivar antiguas tensiones con nuestras propias madres y amigas.

A partir de vivencias propias y de conversaciones con otras madres, la autora recorre los núcleos conflictivos de la maternidad y se plantea cóm integrarlos para vivirla con mayor plenitud. Reconoce la faceta luminosa pero también el lado oscuro, ese perfil del que muy pocas mujeres se atreven a hablar. Muchas de ellas, tanto las que ya son madres como las que se enfrentan a la decisión de tener un hijo, se reconocerán con alivio en estas páginas.

(Link: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=56280)
(22 de octubre de 2008)

 

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